sábado, 16 de enero de 2010

Discurso misántropo, Libro I

A veces parece como si la parte más profunda de la naturaleza humana fuera estar en guerra. Guerra con los otros, con la Tierra y con los otros seres vivos. Guerra con las ideas, entre los hombres, entre las razas y entre las naciones. Guerra con los del otro sexo, con la familia, con los hermanos, con los de diferente condición. Vaya, guerra hasta con uno mismo, contra lo que uno mismo es.
Tan es así, que nos sentimos con ánimo de luchar con el enemigo que ya no está, que pereció o sencillamente se fue a pelear otras batallas. La guerra es el juego más tonto que sabemos jugar y, sin embargo, el que con más facilidad nos atrapa. La guerra: el juego que mejor sabemos jugar.
Después de todo, los beneficios que obtenemos en este juego no son nada desdeñables. El hombre victorioso siempre tendrá algo que presumir, un bello recuerdo con el cual mirarse al espejo e hinchar su pecho por las mañanas. Y hasta el derrotado encuentra consuelo en su fracaso: su lucha fue la buena, la noble, la honesta y la valiente.
Son sólo instantes fugaces en los que todo hombre descubre en la guerra un sinsentido. Todos caemos, tarde o temprano, en situaciones tremendas en las que odio y muerte aparecen como el más grande de los absurdos.
Como un juego en el que el balón es más grande que la portería, hasta que terminamos por ponchar el balón o zafar la portería de la cancha. Situaciones que hemos tenido a bien en llamar "trágicas", aunque el constante zumbido (o aullido, o graznido) de la vida siempre termine por difuminarlas.
Son pocos los que se han cansado de la guerra y la barbarie, que llevan al extremo su condición trágica. Pero los ha habido: músicos melancólicos, poetas locos y suicidas, amantes jóvenes cuyas vidas terminan recién comenzadas. Algo curiosísimo sucede entonces, pues parece como si, al perder el apetito por la guerra, estos hombres y mujeres hubiesen perdido también el interés por la vida.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

HenRedUs (nosotros las gallinas rojas)

Viento. La hoja no cae, se levanta.
Grito estruendoso, bajo el agua.
Tatuaje de Sol en piel extraña.
Angustia volátil entre aromas de hotcakes y miel.

Orejitas finas y un perfil que te da media espalda.
Vidas encriptadas en miradas bajas y palabras enredadas.
Aprendan ya que para los temblores bastan un par de labios que se separan,
una pupila que se enciende y un cuello que se sonroja.

¿Quieren saber un secreto? Lo que más le costó a la humanidad fue poder amar.

lunes, 26 de octubre de 2009

Naranjas imprimidas (el jugo jugó)

Por una vez. El conrazón se para en seco en ese extante de hielo que lo amamantiene vivo. Un auuuuuullido despierta a las pasiones nocturnas que dormitaban delicadamente como ojos gATÚNos en el bote de Can y Cas. El caballo de alado no es un pegaso, pero la nada nada (de crol y de pecho). El Crol, criatura mitológica se parada evolutivamente del Troll en las é(pocas) de Pangea por decreto de Zeus y a  pesar del berrinche Dionisiaco.  Vamos, es sólo poesía. Po es Ía cuando estás con tento. Sin el tento todo tiento. Hoy es truendo. Es trueno. Se deshace el sigilo crolcroldilesco con ese ¿o?beso gigante que em papá con yo-vi-a la superficie de-dos labios resecos secos ecos cos os. 
¿SiGuess sin verlo? Hoy la vida es la chispita de un fuego artefacial que comienza a subir por celos negros de sí udades luminosas observadas a la distancia por amantes plutónicos, que toman vino satúrnico desde la terraza con vista al uni verso, verso terso del poeta Ociocio.

martes, 29 de septiembre de 2009

Bostezo solar

El Sol, que se ha entretenido con incontables historias de amor,
comienza ya a bostezar ante el meloso espectáculo.
No sabe que a la Luna siempre le ha tocado la mejor parte.

sábado, 8 de agosto de 2009

Especial con queso

Esa imperiosa e incontrolable necesidad de explotar. Estallar, ¡volar en mil pedazos para hacer el amor con mil diferentes mujeres! Que mis labios dislocados besen los labios más carnosos, y que mi nariz se impregne del perfume femenino más sublime de todos. Que mis oídos permanezcan escuchando al corazón más dichoso y mis ojos se queden mirando a la mirada más ardiente en el recorrido de su caída libre. ¡Que mis pulmones se eleven entre las nubes como dos globos aerostáticos y las neuronas de mi cerebro alumbren una ciudad entera! Que mis venas salpiquen su sangre sin remedio, regando los desiertos de este mundo con vida nueva, mientras mi corazón da saltos kilométricos de tórax en tórax. ¡Y quedar así, deshecho, en mil pedazos por siempre, en el más incontenible de los éxtasis!

(Lo que es estar caliente)

lunes, 6 de julio de 2009

El tonto sin manos

-Al principio, fue sólo un dedo.
-¿Por qué?
-Me prometieron cambios maravillosos. Así continué hasta que me corté los nueve restantes de las manos.
-¿Cuál era la promesa?
-Por favor comprende, amigo. Me ofrecieron aumentar mi coeficiente intelectual en un grado por cada dedo que les entregara. Tú sabes mejor que nadie que nunca he estado demasiado satisfecho con mi inteligencia...
-Pero... ¿qué es precisamente lo que tenías que entregarles? ¿Un simple dedo frío y sangrante? 
-Bueno, no exactamente... Una vez terminado el proceso de limpieza de las uñas los sumergía en un tarro de mermelada de fresa y los envolvía en papel celofán. Aunque para el meñique me pidieron un procedimiento especial que probablemente no sea apropiado comentarte...
-¿Y ellos que te daban a cambio?
-Unas pildoritas anaranjadas.
-¿Entonces ahora hablo con una persona diez grados más inteligente que antes?
-En efecto.
-¿Y te has dado cuenta de nuevas cosas?
-Vaya que sí. Ahora comprendo que cometí los diez errores más grandes de mi vida.

Final uno:

-Y ahora, ¿qué piensas hacer?
-Pero hombre, ¿qué no es obvio? ¡Cortarme los dedos de los pies para ver de que otras cosas puedo darme cuenta!

Final dos:

-Sin embargo, esos hombres son bondadosos. Ahora me han ofrecido, gratuitamente, diez pildoritas amarillas que reducirán mi coeficiente intelectual en diez grados.
-Justo como antes... ¿En verdad piensas tomarlas?
-¡Por supuesto! ¡Quiero al menos pensar que no fue un error cortarme los dedos de la mano!

domingo, 28 de junio de 2009

Violín de trapo


Bellos recuerdos lo arropaban en esas madrugadas de desesperanza

Su único abrigo en las noches en que el silencio era el mismo de siempre.

Así se perdía en esas texturas suaves y acolchonadas

Donde su espalda finalmente descansaba de sostener su propio peso.


Qué tristeza que aquel calor no permaneciera durante mucho tiempo.

Pues las memorias son sólo un bulto de trapos e hilachos viejos

Que ya no calientan y sólo enredan al corazón, empapándolo

Con esas gotitas más heladas que el cruel granizo.


Un violín que chillaba a la distancia

Le hacía recordar que en el mundo

Había tristezas más hondas y soledades más vastas.

Así, una noche más, podía conciliar el sueño.