¡Oh, gran misterio de ser humano! Hablamos por hablar. Tal vez, hablamos por hablar. ¿Qué importa si hablamos por hablar? ¿Qué nos importa? Encerrados en el extraordinario mundo de las posibilidades. Activados por los más incognoscibles, impredecibles resortes.
Un pasillo con luz que vuelve claros y distintos a quienes lo cruzan. Una puerta azul que simultáneamente distorsiona sus figuras y las llena de zig-zageos inesperados. Cada instante nos presenta al mundo con una curvatura distinta. Los odiosos maestros que acaparaban el estrado se tornan ágiles siluetas que desaparecen con una sonrisa de la mirilla por la que espiamos al mundo. O lo admiramos, según el día.
La deslumbrante mujer que hacía nuestras rodillas tiritar con el decidido timbre de su voz es arrastrada por inesperados centros de gravedad a parajes en donde no nos reconocemos ya.
Las ideas surcan el cielo neurológico con presteza y vanidad. Dejan su rastro con la esperanza de que nos encaprichemos en su persecución. Como anzuelos aéreos, buscan pescarnos de nuestro aburrimiento, sorprendernos en nuestro escondite de algas parsimoniosas. Y nosotros, crustáceos con alas, encendemos el motor y jugamos a los detectives con la gabardina sobre las plumas y la lupa entre las garras.
Pero volteamos la página y entonces regresa la lentitud de quien viaja con equipaje. Aterrizamos porque la gente espera impaciente sus maletas en la banda 3. El descenso se confabula con la implosión. Regresamos a los límites, a las pieles y los pliegues, a los espacios de siempre que tan poco nos echaron de más. Arrancar, o sentir la arena disolverse entre los pies. Bucear en las profundidades de nuestra taza de café o tomar de la mesa un sobre de azúcar, y vertirlo con delicadeza en la laguna oscura de nuestra tarde sin contratiempos que mantiene aún el deseo de ser un poco más dulce.
El avaricioso enano mitológico decide tomarse un pequeño descanso. Cada vez es más el trabajo requerido para extraer de entre las betas un poco de su preciado me(n)tal. La niebla nos adormece y nos disocia con lentitud. Naufragamos al momento mismo en que la tierra se queda sin mar. El combustible renuncia a estar al servicio de otro. La gasolina exige ahora que el automóvil la impulse y las calorías piden a gritos su partido de fútbol mientras queman humanos. Volvemos al lento vaivén de las nociones, las coherencias y las horas. Se interrumpe la marea hasta nueva luna. Se despide la luna hasta próxima noche. Se retira la noche hasta el cuento siguiente.
miércoles, 25 de abril de 2012
lunes, 24 de mayo de 2010
Baile(y)s eterno
Te vas hacia adentro, como si tu corazoncito tuviera un imán que te chupa las entrañas y te envuelve sobre ti mismo. Entonces hay que volver a empezar, y recordar que los polos magnéticos están allá afuera. Sí, cambiantes, inestables y hasta peligrosos, pero sobre todo más sorprendentes y divertidos que la monotonía monocromática del interior.
Suponen los astrónomos más fregones que en un principio la Tierra hubo de necesitar de un centro gravitacional para no sentirse tan atemorizada y contrariada en un universo tan grande. Y la Tierra, igualmente neurótica que los individuos que ahora se encargan de destruirla, se encontró de pronto mareada, dando vueltas sobre sí misma y tratando de morderse la cola, de correr a África y alcanzar Japón en un mismo instante, sin entender que una esfera no puede nunca visualizarse completamente a menos que de que se deshaga de todo contenido y se vista de una transparencia insignificante. El mundo seguía sin comprender que una esfera que gira sobre sí misma sólo gasta valiosas energías.
Pero la Tierra maduró con los años en el vasto Universo de formas y entendió que al final esos granitos que hacían erupción de cuando en cuando en su cutis no eran tan malos, y que su piel azul con esos vellos verdes que crecían en sus gigantescos lunares tenían su belleza.
Y fue finalmente por esos tiempos que la tierra se puso en marcha nuevamente y comenzó a dar vueltas por el Universo, en un trayecto que pronto se convirtió en una danza eterna con otros compañeros de baile (entre ellos, un soberbio señor esforzándose por cegar a todo aquel que la mirara de frente y una poetisa melancólica demasiado modesta como para brillar con luz propia) con los que finalmente no tenía otra alternativa más que bailar. La torpeza inicial que la condujo a dar vueltas sobre sí misma se había convertido ahora en un paso de baile que era imitado por los demás danzantes.
miércoles, 12 de mayo de 2010
a-go-gotas
¿Es agua de lluvia? No, son las gotas de una regadera. ¿Calientes o frías? No estoy seguro, las escucho a la distancia. Me arrullan, me jalan hacia el punto de equilibrio en mi cerebro, en espiral. Espera un segundo... Algo atrae mis pasos en reversa, la marcha se acelera hacia atrás y me alejo con una rapidez catastrófica de ese centro... Con una bocanada similar a la primera que da el recién nacido, despierto en el salón de clases. El maestro relata un cuento de ciencia ficción y yo suspiro aliviado desde la última fila pensando que, por suerte, nadie notó mi desliz.
sábado, 16 de enero de 2010
Discurso misántropo, Libro I
A veces parece como si la parte más profunda de la naturaleza humana fuera estar en guerra. Guerra con los otros, con la Tierra y con los otros seres vivos. Guerra con las ideas, entre los hombres, entre las razas y entre las naciones. Guerra con los del otro sexo, con la familia, con los hermanos, con los de diferente condición. Vaya, guerra hasta con uno mismo, contra lo que uno mismo es.
Tan es así, que nos sentimos con ánimo de luchar con el enemigo que ya no está, que pereció o sencillamente se fue a pelear otras batallas. La guerra es el juego más tonto que sabemos jugar y, sin embargo, el que con más facilidad nos atrapa. La guerra: el juego que mejor sabemos jugar.
Después de todo, los beneficios que obtenemos en este juego no son nada desdeñables. El hombre victorioso siempre tendrá algo que presumir, un bello recuerdo con el cual mirarse al espejo e hinchar su pecho por las mañanas. Y hasta el derrotado encuentra consuelo en su fracaso: su lucha fue la buena, la noble, la honesta y la valiente.
Son sólo instantes fugaces en los que todo hombre descubre en la guerra un sinsentido. Todos caemos, tarde o temprano, en situaciones tremendas en las que odio y muerte aparecen como el más grande de los absurdos.
Como un juego en el que el balón es más grande que la portería, hasta que terminamos por ponchar el balón o zafar la portería de la cancha. Situaciones que hemos tenido a bien en llamar "trágicas", aunque el constante zumbido (o aullido, o graznido) de la vida siempre termine por difuminarlas.
Son pocos los que se han cansado de la guerra y la barbarie, que llevan al extremo su condición trágica. Pero los ha habido: músicos melancólicos, poetas locos y suicidas, amantes jóvenes cuyas vidas terminan recién comenzadas. Algo curiosísimo sucede entonces, pues parece como si, al perder el apetito por la guerra, estos hombres y mujeres hubiesen perdido también el interés por la vida.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
HenRedUs (nosotros las gallinas rojas)
Viento. La hoja no cae, se levanta.
Grito estruendoso, bajo el agua.
Tatuaje de Sol en piel extraña.
Angustia volátil entre aromas de hotcakes y miel.
Orejitas finas y un perfil que te da media espalda.
Vidas encriptadas en miradas bajas y palabras enredadas.
Aprendan ya que para los temblores bastan un par de labios que se separan,
una pupila que se enciende y un cuello que se sonroja.
¿Quieren saber un secreto? Lo que más le costó a la humanidad fue poder amar.
lunes, 26 de octubre de 2009
Naranjas imprimidas (el jugo jugó)
Por una vez. El conrazón se para en seco en ese extante de hielo que lo amamantiene vivo. Un auuuuuullido despierta a las pasiones nocturnas que dormitaban delicadamente como ojos gATÚNos en el bote de Can y Cas. El caballo de alado no es un pegaso, pero la nada nada (de crol y de pecho). El Crol, criatura mitológica se parada evolutivamente del Troll en las é(pocas) de Pangea por decreto de Zeus y a pesar del berrinche Dionisiaco. Vamos, es sólo poesía. Po es Ía cuando estás con tento. Sin el tento todo tiento. Hoy es truendo. Es trueno. Se deshace el sigilo crolcroldilesco con ese ¿o?beso gigante que em papá con yo-vi-a la superficie de-dos labios resecos secos ecos cos os.
¿SiGuess sin verlo? Hoy la vida es la chispita de un fuego artefacial que comienza a subir por celos negros de sí udades luminosas observadas a la distancia por amantes plutónicos, que toman vino satúrnico desde la terraza con vista al uni verso, verso terso del poeta Ociocio.
martes, 29 de septiembre de 2009
Bostezo solar
El Sol, que se ha entretenido con incontables historias de amor,
comienza ya a bostezar ante el meloso espectáculo.
No sabe que a la Luna siempre le ha tocado la mejor parte.
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